¿Qué les pasa a estos pibes?

Escrito por
Mirtha Ferrari


El domingo de Navidad, volvíamos de visitar a nuestro hijo con TODA su familia, y ya te voy a contar porqué escribí TODA con mayúscula.

Pusimos un poco tarde el canal de Youtube de la iglesia, y pescamos una pequeña parte del mensaje del pastor Mraida, en el cual, una vez más, mencionaba la necesidad de orar con acción de gracias.

Debo decir, que en un mensaje anterior ya me había "volado" la cabeza, y nuevamente lo hizo (menos mal que la ventana del auto estaba cerrada).

Recuerdo que cuando recién empezaba a recorrer este camino de la fe, teníamos en la Iglesia en la que nos congregábamos, a un estudiante del Seminario Teológico.

Un día, empecé a sentir un fuerte dolor de muela. Era un dolor que arrancaba en la boca y repercutía en el oído y en toda la cabeza. Yo estaba desesperada. Además, estaba muy lejos de tener una hija, y encima odontóloga.

Resulta que en el hospital me sacaron la muela, prácticamente sin anestesia, como se usaba antes, y donde los dentistas no habían arribado aún, a la conclusión de que "no se debe subestimar el dolor de los pacientes". Por todo esto, la muela ya no estaba, pero el dolor siguió acompañándome un largo tiempo.

Te cuento que le comenté al Seminarista la terrible desgracia que atravesaba, y él muy suelto de cuerpo me mostró el texto de 1° Tesalonicenses 5.18:

"Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús".

¡Pará, querido! ¡Vos lo decís porque a vos no te duele!!!!

Te confieso que soy una persona muy agradecida. Si hubiera estado leprosa junto con otros diez y Jesús me hubiera sanado, seguramente hubiera sido la extranjera que volvió a agradecerle. Pero eso tiene lógica:

Sufrimiento + alivio = gratitud

Ahora, agradecer porque me duele ¿No es masoquismo?

Hoy no tuve mejor idea que leer algunos versículos del libro de Daniel. Estas historias preciosas que tanto enseñamos a los niños, y que hablan de la fidelidad de Dios en medio de la adversidad.

En el caso de los amigos de Daniel que estaban a punto de ser castigados injustamente tirándolos a un horno de fuego recaliente, y que declaran que es casi seguro que Dios los va a sacar a tiempo, pero que si no fuera así, igual estarían agradecidos.

Y de igual modo Daniel, a pesar de la amenaza de ser tirado al foso de los leones, no duda en abrir las ventanas de su casa y alabar a Dios. ¿Alabar? ¿Darle gracias? ¿Por qué? ¿Por estar a punto de ser despedazado por unos leones hambrientos? Me dije: "¿Qué les pasa a estos pibes?”

Sin duda, está bueno dar gracias a Dios en todo. Por eso se dice "acción de gracias", porque justamente es algo que hago. Ahora, me pregunto: ¿Esta acción surge porque sí,  automáticamente? Y me respondo que sin duda no es así. Es algo que debe ir construyéndose. ¿Cómo? "¡Poniéndose a!". Te cuento lo que pasa en mi alma cuando algo que anhelo no está sucediendo, tarda mucho, o caigo en la cuenta de que no va a pasar. Primero, me frustro. ¿A mí que soy tan maravillosa? Segundo, lo acepto tipo resignación. ¡Error!. Tercero, entiendo que de algo Dios me libró, y que a pesar de todo, Dios me bendijo mucho, y empiezan a aparecer en mi mente y en mi corazón todas esas bendiciones. Es decir, mi alma se pone en la misma frecuencia de mi espíritu, y aparece, espontáneamente esa acción de gracias que va del corazón a la boca, sin escalas. Y entonces es como frente a la adversidad de hoy, pararme en las bendiciones del ayer me hace bien, porque me coloca en un lugar de victoria y me saca de la resignación y la carencia.

¿Qué les pasaba a estos pibes? Estaban seguros de que cualquiera fuera la respuesta de Dios, ellos iban a estar bien. ¡Y así fue! Estaban dispuestos a morir quemados, o en las garras de un león hambriento si eso era lo que Dios había preparado. ¡Pero esto no pasó, para la gloria de Dios!

Si te parece, acá podés orar. Si no se te ocurre cómo hacerlo, yo oraría así:

"Gracias, Señor, por haberme librado de tantos hornos y tantos leones en mi vida, alguno de ellos, incluso, sin que yo lo notara. Te prometo ser más cuidadosa, para no dar tanto trabajo a los ángeles. Gracias, Padre, porque tomarme tiempo para darte gracias, me ayuda a pararme en un lugar de bendición y no de resignación. Gracias por tu fidelidad, que puedo ver aún en las circunstancias adversas. Gracias por las bendiciones pasadas, por las de hoy, y por las que se vienen. Cuento con ellas. En el nombre de Jesús. Amén".